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RadioBlog: Minuto 92

Y ahora, ¿quién tiene la culpa?

No soy yo muy de buscar culpables a las situaciones que, en realidad, seguramente obedecen a una cadena de errores con muchos padres. Pero la realidad es que, entre la noche del sábado y el domingo, la pregunta que más pude leer repetida en las redes sociales fue esa: y ahora, ¿quién tiene la culpa?

Y con tantas repeticiones de la cuestión, siempre una respuesta: lo que está claro es que no era ni es del entrenador. Por el banquillo del Almería ha pasado este año Sergi, que obviamente no contaba con el favor de los jugadores, como Benítez no contaba con el de los del Madrid; Rivera, al que el presidente puso al borde del precipicio y al que trató como un chico de los recados, sin informar a la plantilla sobre el plazo en el que iba a digirila; Carrillo, que en apariencia sí supo granjearse más la simpatía del colectivo pero que no logró activarlo positivamente; y ahora Gorosito, con un comienzo esperanzador que, semana a semana, parece ir desinflándose.

La historia, los que llevamos algunos años en esto del balón, los que empezamos a tener más claros que nubes allá donde se coloca el sombrero, la hemos vivido en ocasiones varias ya.

La historia de un presidente, de un club que sabe que lo ha hecho mal, muy mal; pero que en lugar de reconocerlo y tratar de poner remedio, lo que va poniendo son parches allá donde el barco tiene pequeños agujeros, en lugar de centrar esfuerzos en salvar a la tripulación, habiendo visto la vía de agua que va a hundir el buque.

Primero fueron las amenazas, tan estériles como infantiles, luego el baile de entrenadores, con el que no se engañaba ni a un pajarillo; y ahora el mercado de invierno. Nada nuevo bajo el sol; nada que no hayamos visto en tantas y tantas historias que terminan en fracaso cantado y evidente.

El Almería ha errado en todo, digamos en casi todo para ser generoso, esta temporada. Y su presidente sigue saliendo a primera hora de cada mañana con la escopeta al hombro buscando culpables, en lugar de practicar la sana costumbre de mirarse al espejo antes de calzarse la gorra de cazador.

El Almería puede estar un año en Primera y otro en Segunda; incluso puede caer a la Segunda B, pero esté donde esté, pase lo que pase en el corto plazo, no será jamás un club serio, estable y de futuro mientras lo dirija alguien que piensa que jamás se equivoca, alguien que actúa y discurre como quien no necesita a nadie porque él solo se basta para todo, mientras los profesionales vayan pasando en sus manos como cleenex de poco valor.

El Almería necesita reflexión, estudio, profesionales y planificación; el Almería necesita estructura, apoyo, difusión, marketing, plantilla más allá de los que le pegan patadas al balón; el Almería necesita gente y gente que piense y a la que le dejen pensar. No nos engañemos, aunque el club haya estado en Primera y lleve no sé cuántos años seguidos en Liga de Fútbol Profesional, el Almería no ha sido nunca nada más que Alfonso y quienes le daban la razón. Y eso, eso lo saben, mejor que nadie, todos los peones que hoy descansan al borde del tablero.

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