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RadioBlog: Minuto 92

La maldita vergüenza de caso Casillas

Estamos los españoles, hoy, divididos entre los que creen que Íker Casillas se merecía otra despedida y los que opinan que más duro es trabajar en la mina o algo así. Quiero pensar que somos más los primeros, los que entendemos que en esto del fútbol, como en la vida, las formas son importantes.

A mí lo primero que me ocurre es que no entiendo qué demonios ha pasado para que Casillas se haya tenido que ir del Madrid, para que el que ha sido considerado mejor portero del mundo durante mucho tiempo, no haya podido retirarse en el club al que llegó con ocho años.

Cierto es que estamos hablando de deporte profesional y que ahí lo que mandan son los números. Pero no es que me dé la impresión, es que estoy completamente seguro de que Íker siempre puede tener un papel muy importante en un vestuario, porque ha demostrado que sabe todas las claves de cómo funciona esa estructura y que sabe cómo emplearlas para hacer el bien de un equipo. ¿O hay que recordar que es Premio Príncipe de Asturias por lo que hizo con el de la selección junto a Xavi?

No tengo dudas de que, en el Real Madrid, ha habido alguien que no le ha dado importancia a lo que ocurría con Casillas, desde que pasó por el club ese torbellino, ese tifón arrasador que fue Mourinho, ese cáncer del deporte al que todavía algunos defienden. Y de aquellos polvos, con la inacción de los rectores del club, han llegado estos lodos.

Que Casillas es un hombre de club, un tipo que trabaja por el equipo, un hombre comprometido con los colores y un currante nato es algo que nadie en su sano juicio puede dudar.  Pero la realidad es que, gracias a las mentiras y a las malas artes del portugués, hay una parte de la afición del Madrid que no traga a Casillas.

Sinceramente, me quedo con las ganas de ver a Casillas de suplente en el Madrid. No me lo imagino, como dicen algunos, montando pollos porque no juega, poniéndole zancadillas a su compañero en la portería, protestando, saliendo a rajar a la prensa, jugando sucio en definitiva. No me lo imagino. Por eso me hubiera gustado que el club al que tanto ha dado Casillas, le hubiera dado la oportunidad de acabar sus días vestido de blanco, enseñando la casa a los que llegan detrás de él.

Pero si la cosa se ha puesto así de fea, si al final no se ha podido evitar que se marche, lo que no podré entender bajo ningún concepto es que Casillas se marche del Madrid sin el homenaje que merece el tipo que, probablemente, más haya contribuido a los éxitos de Florentino Pérez al frente del club. Que se despida solo en la sala de prensa, sin poder ser aclamado por su afición, sin el cariño de la directiva y de sus compañeros de equipo, estratégicamente mandados de viaje para la gira de pretemporada.

Estoy al cien por cien de acuerdo con Bertín Osborne en el artículo que publicaba en Marca el pasado viernes. Es una vergüenza. Una maldita vergüenza.

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