Radio Marca Almeria
RadioBlog: Minuto 92

La casa por el tejado

Siempre me he preguntado de dónde salen los refranes, quién se los inventó. Desde luego que había mucho ingenio cuando nacieron esas pequeñas piezas literarias comprimidas en un pequeño frasco. No me cabe duda de que el que dijo por primera vez aquello de “empezar la casa por el tejado” estaba pensando en Alfonso García Gabarrón.

Por la impenitencia de nuestro presidente en mantener esa línea de actuación, por empezar siempre sus casas por el tejado, por entregarse con pasión al desorden y el descontrol en todo lo que gestiona, el ex magnate murciano se ha encontrado ahora con un entrenador al que le dio el equipo sólo para un partido, dejando claro que no confía en él en absoluto, pero que ha puesto en órbita a lo que parecía una patrulla de la noche de los muertos vivientes, y con otro al que le ha dado dos años de banquillo y que se encuentra con que su efímero antecesor ha dejado claro que hay plantilla para estar mucho más arriba.

Otro, no ya un genio ni un iluminado, no un máster en Harvard ni un astronauta de la NASA, sencillamente alguien con un mínimo de lógica en su cabeza, habría traído al entrenador definitivo desde el principio o, de no tenerlo, habría esperado a ver cómo funciona el experimento del del filial. No me cabe duda de que, si Alfonso espera al sábado para reunirse con Lucas y sellar el acuerdo, el granadino hubiera estado esperando igual.

Y en ese caso, visto lo deayer, seguramente lo prudente hubiera sido darle a Fran uno o dos partidos más. Pero no, a Alfonso le gusta fumar en las gasolineras, es un tipo con arrojo, un ángel del Infierno, un amante de la pasión y la adrenalina. ¿Para qué hacer las cosas en orden? La vida es riesgo, es aventura, es meter la pata hasta la altura del sobaco cada vez que la propia vida te da la oportunidad.

No paro de pensar en ese Lucas Alcaraz viendo el nivel, el listón que le ha dejado colocado Fran Fernández; no puedo olvidarme de ese Alfonso en el palco, maldiciéndose por no haber esperado un par de días para rubricar al granadino; a ese Fran disfrutando con el reojo hacia el palco en cada jugada de estrategia que daba sus frutos; cada vez que los suyos presionaban; cada vez que robaban en un mediocampo rayano lo difunto; cada vez que sus artilleros ensayaban a portería con la frescura y la confianza de un asesino profesional; cada vez que el antes impasible Owona se dejaba la piel para achicar balones del área; cada vez que Pozo pisaba la pelota, recortaba y
partía cinturas y dibujaba sobre el tapiz esos pases imposibles que lo han convertido en nuestro pequeño Laudrup; cada vez, en fin, que su equipo era un equipo no, un equipazo, justo donde antes veíamos a un cadáver andante.

Me siento muy orgulloso y satisfecho por Fran, me da pena por Lucas y lo que se le puede venir encima y, sobre todo, me alegro mucho por Alfonso García Gabarrón, una vez más retratado como el ingeniero de los puentes que se derrumban, el pintor de los desconchones, el fontanero de las fugas de agua, el contable de los números rojos. Alfonso, el arquitecto de las casas por el tejado.

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