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Fran Iribarne se autoreceta «paciencia y ganas»

 

En si, en sus maneras, en su pensamiento, en su acento, y no solo el hablado, sino el que se desprende de su modo de entender la vida, es ‘puro almeriense’. Bondad en sus ojos y en sus acciones, parece complicado que Fran Iribarne pueda ser tan buen jugador como persona, pero va camino de conseguirlo. Con timidez inicial, tal y como le sucede cada vez que tiene que afrontar una entrevista, el receptor abrió a todo aquel que quiso participar su lugar de confinamiento, lo que sigue a rajatabla, y su día a día en este periodo tan excepcional, mirando desde su terrado, con una gran añoranza, esa playa que tanto le da. El receptor se ‘confesó’ en Instagram Live, pero realmente no puede ser de otro modo que transparente, sin doblez alguna. Lo pasó muy mal al principio del encierro obligado, si bien ahora lo lleva algo mejor, y deja una frase espectacular: “El voleibol no me dejó opción de probar otro deporte”.

Se refiere con ello a que se vio enganchado desde el principio, si bien, siendo justos, empezó siendo ‘normal’, o sea, jugando al fútbol. Eso sí, el vóley jamás le estará lo suficientemente agradecido al entrenador que tuviese en aquel momento, porque lo ponía de portero: “A mí no me gustaba y dejé el deporte”. Tampoco podrá agradecer a su madre todo lo que sería necesario que le dijese ‘algún deporte tienes que hacer’ y que cogiese de la mano camino del Palacio de los Juegos Mediterráneos, donde se desarrollaba la Obra Social de Unicaja: “Me dijeron que empezara cuanto antes, tenía 12 años y así entré por pura casualidad; era el típico que jugaba al fútbol y lo que quería era correr y pegarle al balón, pero no me dejaban, así que me quité y se produjo la llegada al voleibol, que me enganchó, y desde ahí no he parado”. Con 21 años, está claro que no lo va a hacer en mucho tiempo, sin precipitarse.

Y es que está donde quiere estar, el mejor lugar para metas mayores: “De momento sí, aquí me tratan muy bien, estoy en mi casa; quién no quisiera tener la oportunidad de jugar en el club de su ciudad, y espero que ese día sea dentro de bastante tiempo y cuando realmente tenga oportunidad de jugar en grandes ligas, pero mi intención es quedarme por ahora y ganar todo lo que pueda en Unicaja Costa de Almería”. Y es que no olvida sus orígenes, jamás, ni las etapas de su progresión: “Empecé a coger buen nivel de voleibol en la Permanente, de ahí me marché a Melilla, allí pasé dos años y cogí otra vez un poco más de nivel, y llegué a Unicaja mejor preparado para poder estar entrenando y jugando con este club”. Su primer gran recuerdo, eso sí, se remonta mucho más atrás: “Mi primer campeonato ganado, con la Selección de Andalucía en Lloret de Mar, el primer sentimiento de ganar un título, aunque era todavía infantil; fue la primera vez que dije, ‘dios’, porque logramos ser campeones de España”. Juan Fenoy y Prenafeta, los entrenadores que le “marcaron el camino”.

A Manolo Berenguel “no lo nombre porque lo tengo presente”, asegura, con el que se hizo una foto cuando era un niño y animaba en la grada para la consecución de la liga de la temporada 2012/2013. En ese partido hay más que contar: “Viciana era mi jugador referente, me encantaba cómo jugaba, es del que más me acuerdo en ese momento, luego Ignacio me dio unas rodilleras, y ahora somos compañeros de equipo”. En todo caso, el mejor jugador que ha pasado por Unicaja es, a su juicio, Peter Veres: “Cuando me enganchaba al vóley, buscaba en Internet y veía todos sus partidos”. Sigue con la misma ‘manía’ de devorar vóley en la red: “Sí que estoy viendo mucho, busco partidos de selecciones, de Champions, de entrenamientos completos de equipos rusos; me interesan mucho porque son grandes jugadores”. Más nombres, “Rafa Pascual es el top, Kike de la Fuente me encanta, su forma de jugar, me imagino siendo como él, y me fijo también en Gustavo Delgado”.

A petición de un jugador de categorías inferiores, da su consejo: “Tener paciencia y sobre todo muchas ganas; el voleibol es un deporte que necesita muchísimas repeticiones, a mí me ha pasado el decir ‘esto no me sale’, lo abandonas y después piensas que tienes que abordarlo hasta que te salga bien; actitud, ganas e ilusión, y el toque que pongo es que el toque de antebrazos ahora es lo mejor que tengo, pero cuando fui por primera vez a la Permanente pasé dos semanas con un garrote metido en los antebrazos tocando contra la pared, lo único con lo que interactuaba, y así fui aprendiendo y cogiendo el toque; no hay más trucos que la repetición”. De todos modos, no piensa más allá de dar algún consejo: “Me han preguntado muchas veces si quiero ser entrenador después, y no lo tengo claro, no sé cómo sería yo de entrenador; todavía no me conozco lo suficiente yo mismo como para saberlo, que tengo 21 años”. Otra de sus pasiones, la mecánica y el motor”.

Esta temporada ha sido una lástima, en el sentido de no poder concluirla cuando se ‘volaba’: Sí, el equipo sinceramemente cada vez iba más para arriba, y por eso fue tan fuerte el palo que nos dieron de que la liga se cancelara; eran entrenamientos en los que estábamos viendo los resultados de las pesas y nos encontrábamos en el mejor momento de la temporada”. Dicho eso, respecto a la resolución de la liga, “sé que es una situación complicada, pero pienso, no porque esté en Unicaja, sino valorando el transcurso de la liga, en frío ya, que sacándole 5 puntos al segundo, perdiendo solo un partido… pienso que la decisión no es tan complicada viendo eso; la mejor es declarar un campeón, y ese es Unicaja Costa Almería, y repito que no lo creo porque yo juegue aquí, sino por sopesar todo y tener una visión general”. El mérito es mayor si en esa perspectiva global se introduce haber jugado en Europa: “Es mucha la diferencia, requiere muchas cosas, una buena plantilla, muy buenos entrenamientos porque el desgaste físico y mental es doble”.

Salir a competir fuera de España es un gran beneficio, “mucha diferencia también en el juego,  y se nota cuando un equipo está jugando en Europa y cuando no”, dice: “Yo lo he notado, por el nivel, no ha afectado mucho el cambio de balón, nos hemos adaptado bien y los entrenamientos se han hecho en el momento justo, y claro que prefiero jugar en Europa, lo que recomiendo con una buena plantilla que se pueda dar garantías en las dos competiciones; con una corta, no lo recomiendo, porque por las bajas de este año no se ha podido entrenar bien y el regreso a la Superliga hacía notar el escalón físico y mental”. Pese a ello, ‘temporadón’ de una sola derrota y gran peso del argumento antes esgrimido por un Fran Iribarne que deberá pasar por quirófano por una rotura de tendón en un dedo, lesión con la que ha jugado varios meses, “vendaje incómodo por perder tacto con el balón”, algo con lo que no pudo solucionar Jorge Soriano el pinchazo en la pierna en plena remontada frente a Saaremaa en casa: “Lo intentamos, fue mala suerte y no hay que pensarlo más”.

Ese es un partido, mientras que pudo jugarlo, con el que se queda, pero sobre todo con el que les midió al mismo rival en Estonia: “Dos semanas entrenando con ocho por lesiones, no era un buen momento, pero supimos llegar ante un equipazo, sin estar bien, pero con coraje, con cojones, con mucho saber jugar cada momento, y ganar el partido cuando nadie apostaba por nosotros; ese es el mejor momento”. A la pasada temporada se remite para su mejor día: “Primer partido de semifinal contra Ibiza, un 3-2, por sensación y estadística; me sentía muy bien, cuando esa mañana me había levantado con casi 39 de fiebre y estaba mal mentalmente, pensando que no podía jugar, pero me recuperé y fue el mejor en cuanto a sensaciones”. En cuanto a ‘momentazo’, misma semifinal, cuarto partido: “En el tie-break salté en una lucha con el colocador y el segundo árbitro me pitó red, y no la había tocado; como era un momento en el que estábamos a tope de pulsaciones, nerviosos, de tensión, me dio impotencia y sin querer, porque en ese momento no era yo, me rompí la camiseta y tuve que jugar con la segunda del líbero”.

Jugador de temperamento fuerte, Iribarne ve que “jugar sin público es un poco triste, no tanta motivación, y claro que influye porque entrenas para jugar y ganar, pero también para que te vean, porque el deporte es un espectáculo y entrenas para dar espectáculo”. Lo deja bien claro, “prefiero jugar con público porque me considero un jugador que interactúa mucho con la grada y que la afición lo sienta”, siendo la salud lo primero en una vuelta muy bien medida: “El tiempo que se juegue, concentrados en un hotel, haciendo todos las mismas cosas y con el mínimo peligro de contagio, y si alguien da positivo, cancelar la liga; es una situación muy complicada, los que tiene que decidir lo tienen difícil”. La liga “espero no se vea muy afectada, pero creo que sí, que tocará a muchos clubes, si bien repito que espero que no tanto como se está previendo”, deseando el mejor panorama para todos, repartiendo amigos por todos los clubes, muchos de ellos llegados de la Selección Española.

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