Radio Marca Almeria
RadioBlog: Minuto 92

El femenismo, las carreras de motos y mi amigo Manolo

Tengo un amigo, Manolo, muy aficionado al deporte. A Manolo le gustan todos los deportes: lo mismo le da al ciclismo que las carreras de ranas, sin despreciar el fútbol, la diana, el hockey sobre patines y, por supuesto, las motos.
Con las motos, tiene Manolo un problema, una frustración. Y es que Manolo siempre ha querido ser azafata de ésas del Mundial de Motociclismo. Sí, sí: digo azafata, porque a él eso de azafato le ha parecido siempre muy soso; lo suyo es azafata.
Manolo ha soñado una y mil veces con ir vestido con uno de ésos trajes de plástico repegados, en el que al protagonista se le adivinan hasta las ideas, un escote de los que dejan tiritando hasta a mi otro amigo, Paquito el de los cupones, o una minifalda de ésas en las que se han invertido menos tela que en el taparrabos de un eunuco.
Anda Manolo, en estos días, cabreado como un aficionado del Cornellá, porque se ha enterado de que su sueño ya no va a poder hacerse realidad.
La esquizofrenia feminista en la que hemos entrado todos como los toros a la plaza después de un encierro ha conseguido que este año no haya azafatas tampoco en las carreras de motos del Mundial.
Empezaron colocando a un azafato junto con la muchacha en los podios de ciclismo, lo cual estaba muy bien, porque a aquellos que nos gusta disfrutar de la belleza humana sin considerar que por ello nadie tenga que nadie tenga que sentirse una cosa sino muy al contrario (jamás miraríamos a una cosa como miramos a una mujer que nos llama la atención), podíamos disfrutar, fuesen nuestros gustos masculinos o femeninos, heterosexuales, homosexuales o bisexuales.
Pero como quiera que el feminismo, como el nacionalismo, nunca llega a estar contento, porque su esencia es precisamente el descontento, ahora han ido a cargarse a las azafatas de los coches y las motos, porque de lo que se trata es de hacerle la puñeta a quienes consiguen cuerpos espectaculares a base de esfuerzo y trabajo, y darles una boleta para la cola del paro como recompensa.
En su sustitución, han decidido colocar a niños, porque es evidente que es mucho más sano fomentar el trabajo infantil que el de las señoras que están de buen ver.
Está Manolo que se sube por las paredes, porque él estaba convencido de que, con sus 120 kilos de vellón, podía dar el pego como azafata, pero como que, como niño de San Ildefonso, que no termina de verse.
Cosas de Manolo.

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