Radio Marca Almeria
RadioBlog: Minuto 92

El dedo en el culo


Si las palabras de Ramis durante el entrenamiento del pasado martes, cuando pedía intensidad a gritos a los suyos y no disimulaba a la hora de advertiles que con ese nivel de entrega serán jugadores de Segunda B, han servido para llenar páginas de periodicos y programas de radio como éste, el enfoque que ayer escenificó Quique González en sala de prensa sobre el episodio no va a ser menos.
El extremo cántabro aseguró que las palabras del míster se han sacado de contexto y, además, aseguró que el entrenador está para eso, aunque lo dijo de manera más que gráfica, sutilezas al margen: “El entrenador está para meternos el dedo en el culo”.
Al margen de las imágenes mentales más o menos agradables que la afirmación de Quique pueda provocar en las más sensibles almas de este mundo, sus declaraciones tienen sus pros y sus contras.
De lo del contexto estamos ya muy cansaditos, a estas alturas de la película. Más viejo que el hilo negro es aquello de afirmar que algo está sacado de contexto, cuando no nos gusta verlo reflejado en un medio de comunicación. Sinceramente, yo si fuera un asesor de comunicación, prohibiría que mis asesorados utilizaran la frase “sacado de contexto”, no fuera a que esas palabras fueran sacadas de contexto.
Pero vayamos al grano, o al culo, que no es lo mismo aunque a veces son conceptos que coinciden geográficamente.
Efectivamente, el entrenador está para eso, para incomodar a los jugadores, para impedir que se acomoden o que no den de sí todo lo que son capaces, que entiendo yo que es lo que Quique quiso decir con su elocuente metáfora.
El problema es que, a fuerza de no hacerlo, no ya Ramis, sino la mayoría de los técnicos que han pasado en los dos últimos años por aquí, pues ya se sabe lo que pasa con estas cosas, que de no usarse se van estrechando y al final no es que no quepa ya un dedo, es que no pasa por ahí ni el pelo de una gamba.
Todo lo contrario de lo que pasa con el mismo órgano pero en el caso de los aficionados y los medios de comunicación, que a fuerza de tragar, de ser comprensivos y de conformarnos con el rancho que nos llevan sirviendo durante tres temporadas, se nos ha puesto la cosa como la mismísima bandera del Japón.
Seguramente, entre el de unos y el de los otros, habrá un término medio. Porque ya se sabe: en el término medio está la virtud. Aunque hablando de lo que estamos hablando, mencionar la virtud es poco menos que un ejercicio de funambulismo dialéctico.

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