Jugadores rotos

¿Qué pasa en la UDA? ¿Por qué es tan habitual el disponer de efectivos en la plantilla que pasan sus

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René y los Alcaraz

Hay equipos que, sin tener a los teóricamente mejores jugadores, compiten y sacan los partidos adelante. El fútbol es algo

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Lucas y el cambio

  No es el prototipo de entrenador que contrata el Almería desde hace unos años. Sus predecesores; Joan Carrillo, Gorosito

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Dolor Dactilar

  Arribo reflexivo y doy a mis dedos, hoy temática principal -aunque no los míos-, libertad para que lo hagan.

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La maldición de Newton

El físico londinense formuló una ley, la de gravitación universal, en la que deduce la fuerza con la que dos cuerpos de diferente masa se atraen, como si quisiesen fusionarse en uno solo. La manzana, el manzano, la taza de té y el controvertido golpe que pudo recibir el célebre matemático pueden vincular, e incluso explicar, la contemporaneidad del Almería.

Alfonso García no es un físico, que sepamos, aunque es probable que tenga algún manzano. Debiera, en mi opinión, el pulpileño pacido en Águilas sentarse debajo del frutal para comprobar como uno de sus frutos cae al suelo. De esta forma, entenderá la importancia de las ramas, de la fuerza que se ha de ejercer para evitar que ambos cuerpos traten de fusionarse. El fútbol almeriense, por historia, siempre se ha sentido atraído hacia la fusión de sus clubes con la Segunda B y, por extensión, con la nada. De ahí, al abismo.

Este club se encuentra anclado en la apatía. Sin esfuerzo no hay recompensa. No pain no gain, contextualizando con la temática del artículo. Más allá de la sede y de la butaca del palco presidencial, hay una ciudad, una provincia, que espera de su club deportivo representativo algo más que una caparazón que sirva de morada a un cangrejo ermitaño. Debe ejercer como elemento transformador de la sociedad. Como bandera de un pueblo. Como canalizador de emociones. Y no, no lo hace. Está expulsando la pasión de un feudo donde hace no tanto miles de gargantas gritaban al unísono. ¿Cuándo fue la última vez que vivimos algo así?

Yo vi nacer a este club. Yo vibré con Francisco, Moreno, Esteban. Yo sufrí los Horvath, Benitez o Marcelinho. Yo me emocioné con Míchel y Mario Bermejo. Yo me ilusioné con Piatti, Melo o Diego Alves. Grité el gol de Soriano al Murcia y me abracé a mi padre cuando Negredo metió aquella volea tras un libre directo genialmente puesto en juego por Corona. Aquello era fútbol. Aquello era un club de Almería.

Frente al Reus, en el enésimo ridículo de un equipo, a ojos de todos los entendidos, preparado para luchar por mucho más, pudimos presenciar la inercia de siempre. La atracción que ejerce un cuerpo de masa mayor frente a otro que se vende. El Almería es una manzana que se va a precipitar contra el suelo de quién sabe qué. Y nadie quiere remediarlo. Nadie pone de su parte por frenarlo.

Voy más allá de los resultados. Me centro en el ciclo de nunca acabar, de jugadores incapacitados para la categoría que hacen un teórico buen equipo malo. Fichajes por los que nadie da la cara y que desesperan a futbolistas como Pozo -pobre Pozo-, que miran a su alrededor y se ven solos. Delanteros con buen cartel que se convierten en figuras viendo pasar sombras pero que en cualquier otro equipo se salen. ¿Qué pasa? ¿Cuál es la mano negra? ¿Quién lleva esta marioneta al cajón de los desastres? No es Ramis, como tampoco lo era Francisco, Sergi o Joan Carrillo. Siempre pasa lo mismo.

Frente al Reus, un recogepelotas, niño que no tiene culpa de nada, por cierto, portaba la equipación de otro equipo. ¿Se imaginan un colaborador del Atlético de Madrid con la camiseta del, por ejemplo, Real Madrid? Yo, no. Sería motivo de burla, desde luego. Pues en tribuna del Mediterráneo un chaval con peto del Almería escondía bajo el mismo una camiseta y pantalón del club blanco. Es vergonzoso. Es muestra de dejadez, de apatía. ¿No hay nadie en este club que se dé cuenta de estos detalles? ¿Nadie que esté al loro de evitar la promoción, al menos en nuestro escaparate, de lo de otros? Me cansa, me hastía. El Almería es una manzana que quiere precipitarse y a la que nadie parece querer salvar; maldita por Isaac Newton.

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Victimismo crónico

Quejarse por vicio; así estamos. Y es comprensible, en parte. Cuatro temporadas de penurias, de sufrimientos, de poco, muy poco, fútbol. Eso cala, hace mella. La grada rojiblanca está mutando hacia la que era años atrás. Aquella que se sorprendía cuando algún aficionado portaba la camiseta del Almería. Aquella que de animar en conjunto sabía poco. Pues sí, tristemente vamos hacia eso de nuevo.

Alcaraz corre por la banda en los últimos diez minutos de juego ante el Valladolid, trata de superar un contrario pero, desgraciadamente, pierde un balón. Es el sino de los que arriesgan, fallar en ocasiones. Sobre mí, un amigo de Fidel, le echa la culpa al onubense argumentando que es “malísimo”. Así funciona esto; buscar un culpable. Siempre hay un culpable. Siempre. La hinchada almeriense ha tenido, históricamente, un enemigo el césped vestido con su camiseta. Ahí quedan Juan Carlos Ramos, Raúl Lozano, Juanma Ortiz, Kalu Uche, Fabián Vargas, Carlos Calvo, Suso, incluso Charles, que recibieron críticas incesantes incluso haciéndolo bien. Ahora le toca a Fidel.

Anclados en el victimismo, ahí nos encontramos. Alfonso así lo manifiesta y se queja de los árbitros; único movimiento que se produce desde la directiva y que se hace visible hacia fuera. Triste, muy triste. Además, le costará sanción y, por extensión, una menor comprensión hacia el equipo por parte del colectivo arbitral. Y que conste que creo que el arbitraje ante el Valladolid fue de traca. Vicandi Garrido demostró no estar a la altura de un partido de fútbol profesional. Malas decisiones, siempre favorables a los visitantes y, sobre todo, una expulsión, la de Fidel, absolutamente absurda y que castigaba justamente al equipo que había sufrido la infracción.

Como reflexión final, quisiera compartir una frase de Paulo Coelho que he tenido la suerte de conocer: “Si actúas como una víctima, es probable que seas tratado como tal”. Esa es nuestra realidad. Ya está bien de ser víctimas. El equipo lo hizo bien ante el Valladolid. Es momento de romper con la monotonía.

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¿Quién somos?

Ni idea, vivimos inmersos en una crisis de identidad. En plazo de definición. La grada, ese promontorio donde se exhibe una sociedad, muestra cada vez más una apatía que parecía batallar por desaparecer. Lo entiendo, yo también la siento, a nadie le pasan de largo estas temporadas de vergüenza, pero hay situaciones que demuestran un poco, escasa o nula `Cultura Almería´.

Cuando hablo de cultura no me refiero a saber mucho, a conocer más libros que nadie o a saberse todos los ríos del Mundo. Apelo al conjunto de costumbres o manifestaciones que diferencian, marcan, a una ciudad o sociedad concreta. Es ahí donde radica nuestro problema. A veces damos la sensación de ser pobladores obligados de un sitio previamente abandonado.

Envidio otros estadios donde la gente acude, sin dilación, con la camiseta de su equipo. O, al menos, el color de camiseta. O, en otros casos, la bufanda. Aquí también los hay, pero cada vez menos. Cuando ocupo mi butaca en el estadio, me duele ver el desfile de personas que portan la camiseta del Real Madrid. Son años buenos para los aficionados al equipo de aquella ciudad, pero creo que es de manifestación poco acertada el vestir la camiseta de otro equipo para ocupar la grada del supuestamente tuyo.

No hablo de sentimientos. Han sido muchos años de penurias, una ciudad que no sabía lo que es un proyecto estable, es normal que la mayoría de aficionados tengan para sí un club refugio. El Barcelona, Real Madrid, Atlético, Athletic, Valencia… se encuentran en el corazón de muchos almerienses. De lo que hablo es de coherencia. De `Cultura Almería´, en definitiva. Imagina cómo nos verán desde fuera cuando al enfocar la grada de nuestro estadio se divisen numerosas camisetas de equipos foráneos.

Cada uno es libre de vestir como quiera, lo sé, igual que yo soy libre de opinar como quiera. En cualquier caso, creo que es de afición con solera tirar del equipo cuando más lo necesite, hacer partícipes a los jugadores de un ambiente, de un sentimiento. Es difícil hacerlo cuando no sabemos ni quién somos y cuando nos dedicamos desde el minuto uno a criticar lo que hacen algunos señalados. Estaría bien definirse. Sin orgullo propio no hay respeto ajeno.

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Absentismo

Asistimos a una sucesión de despropósitos que se empeñan en desviarnos de lo importante; la vida. Que nadie nos aparte del camino. Lo van a intentar, lo están haciendo, pero debemos ser fuertes y no dejarnos arrastrar por esa sombra que nos pone el cebo fuera de nuestro destino. Me hubiese encantado escribir solo sobre deporte, sobre la UDA, que hizo un partido muy digno en León, pero no puedo. Me voy al foco eterno.

No Como maestro, me cuesta mucho explicar a mis alumnos que hay una vía pacífica, dialogada, para resolver un conflicto después de lo vivido en Cataluña. Nunca se puede imponer mediante la violencia física, verbal o procedimental una ideología o un sentimiento. Es incongruente hablar de manifestación pacífica, de derecho a la huelga, cuando cortas una autovía e impides el desplazamiento a miles de personas que no participan de tu protesta. No, no es la forma, y me niego a gritar en el aula para que me respeten y obedezcan. Seguiré dialogando y tratando de convencer mediante la mejor pedagogía jamás inventada; el ejemplo y la motivación.

Absentista es aquel que no acude al lugar donde tiene su obligación o que no desempeña sus funciones. Quien preside algún estamento elegido de forma mayoritaria, ha de gobernar para el total de la población implicada, y el total son los guapos y los feos, los listos y los tontos, los que te gustan y los que no. Es absentista el que solo se dedica a lo suyo. Lo son en Cataluña y, al
parecer, lo quieren ser en la UDA.

A estas alturas del artículo investigarás sobre el motivo de mi locura y el porqué de estas letras tan enrevesadas. Yo también. Un hecho, la fenomenal ocurrencia de no sé quién en el seno del Almería, ha llevado al club a vender a sus aficionados la posibilidad de ceder su asiento para que ellos negocien con él a cambio de, atención, ¡no subirle el precio de su abono la próxima
campaña! Alucinante y me quedo escueto. Es decir, no solo disponen de una butaca para vender lo que ya vendieron contigo sino que te amenazan con subirte el precio de tu asiento si te conviertes en absentista. Me sale la docencia por los dedos, lo confieso. Lo próximo será pedirte justificación del médico para argumentar tu falta.

Falta sentido común y sobra apatía y desinterés. Absentistas, aquellos que dejan de gobernar para todos; para los que se sienten españoles y para los que no, para los que pagan y van a todos los encuentros o para los que pagan, que no es poco, pero deciden faltar o no pueden ir. Nunca el argumento puede ser el evitar una subida la próxima campaña, porque puede provocar otro absentismo, el del día de la renovación del carné.

Cuánto echo de menos el raciocinio. La lógica. La tolerancia. El todo cabe siempre que no acabe con la libertad del prójimo y una justicia que haga pagar a los sinvergüenzas, sean del partido que sean. Con mis pequeñas herramientas, seguiré luchando por fomentar el orgullo, la motivación, las ganas de aprender y, sobre todo, la tolerancia. Cuatro ojos ven más que dos.

La unión hace la fuerza.

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