Victimismo crónico

Quejarse por vicio; así estamos. Y es comprensible, en parte. Cuatro temporadas de penurias, de sufrimientos, de poco, muy poco, fútbol. Eso cala, hace mella. La grada rojiblanca está mutando hacia la que era años atrás. Aquella que se sorprendía cuando algún aficionado portaba la camiseta del Almería. Aquella que de animar en conjunto sabía poco. Pues sí, tristemente vamos hacia eso de nuevo.

Alcaraz corre por la banda en los últimos diez minutos de juego ante el Valladolid, trata de superar un contrario pero, desgraciadamente, pierde un balón. Es el sino de los que arriesgan, fallar en ocasiones. Sobre mí, un amigo de Fidel, le echa la culpa al onubense argumentando que es “malísimo”. Así funciona esto; buscar un culpable. Siempre hay un culpable. Siempre. La hinchada almeriense ha tenido, históricamente, un enemigo el césped vestido con su camiseta. Ahí quedan Juan Carlos Ramos, Raúl Lozano, Juanma Ortiz, Kalu Uche, Fabián Vargas, Carlos Calvo, Suso, incluso Charles, que recibieron críticas incesantes incluso haciéndolo bien. Ahora le toca a Fidel.

Anclados en el victimismo, ahí nos encontramos. Alfonso así lo manifiesta y se queja de los árbitros; único movimiento que se produce desde la directiva y que se hace visible hacia fuera. Triste, muy triste. Además, le costará sanción y, por extensión, una menor comprensión hacia el equipo por parte del colectivo arbitral. Y que conste que creo que el arbitraje ante el Valladolid fue de traca. Vicandi Garrido demostró no estar a la altura de un partido de fútbol profesional. Malas decisiones, siempre favorables a los visitantes y, sobre todo, una expulsión, la de Fidel, absolutamente absurda y que castigaba justamente al equipo que había sufrido la infracción.

Como reflexión final, quisiera compartir una frase de Paulo Coelho que he tenido la suerte de conocer: “Si actúas como una víctima, es probable que seas tratado como tal”. Esa es nuestra realidad. Ya está bien de ser víctimas. El equipo lo hizo bien ante el Valladolid. Es momento de romper con la monotonía.

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¿Quién somos?

Ni idea, vivimos inmersos en una crisis de identidad. En plazo de definición. La grada, ese promontorio donde se exhibe una sociedad, muestra cada vez más una apatía que parecía batallar por desaparecer. Lo entiendo, yo también la siento, a nadie le pasan de largo estas temporadas de vergüenza, pero hay situaciones que demuestran un poco, escasa o nula `Cultura Almería´.

Cuando hablo de cultura no me refiero a saber mucho, a conocer más libros que nadie o a saberse todos los ríos del Mundo. Apelo al conjunto de costumbres o manifestaciones que diferencian, marcan, a una ciudad o sociedad concreta. Es ahí donde radica nuestro problema. A veces damos la sensación de ser pobladores obligados de un sitio previamente abandonado.

Envidio otros estadios donde la gente acude, sin dilación, con la camiseta de su equipo. O, al menos, el color de camiseta. O, en otros casos, la bufanda. Aquí también los hay, pero cada vez menos. Cuando ocupo mi butaca en el estadio, me duele ver el desfile de personas que portan la camiseta del Real Madrid. Son años buenos para los aficionados al equipo de aquella ciudad, pero creo que es de manifestación poco acertada el vestir la camiseta de otro equipo para ocupar la grada del supuestamente tuyo.

No hablo de sentimientos. Han sido muchos años de penurias, una ciudad que no sabía lo que es un proyecto estable, es normal que la mayoría de aficionados tengan para sí un club refugio. El Barcelona, Real Madrid, Atlético, Athletic, Valencia… se encuentran en el corazón de muchos almerienses. De lo que hablo es de coherencia. De `Cultura Almería´, en definitiva. Imagina cómo nos verán desde fuera cuando al enfocar la grada de nuestro estadio se divisen numerosas camisetas de equipos foráneos.

Cada uno es libre de vestir como quiera, lo sé, igual que yo soy libre de opinar como quiera. En cualquier caso, creo que es de afición con solera tirar del equipo cuando más lo necesite, hacer partícipes a los jugadores de un ambiente, de un sentimiento. Es difícil hacerlo cuando no sabemos ni quién somos y cuando nos dedicamos desde el minuto uno a criticar lo que hacen algunos señalados. Estaría bien definirse. Sin orgullo propio no hay respeto ajeno.

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Absentismo

Asistimos a una sucesión de despropósitos que se empeñan en desviarnos de lo importante; la vida. Que nadie nos aparte del camino. Lo van a intentar, lo están haciendo, pero debemos ser fuertes y no dejarnos arrastrar por esa sombra que nos pone el cebo fuera de nuestro destino. Me hubiese encantado escribir solo sobre deporte, sobre la UDA, que hizo un partido muy digno en León, pero no puedo. Me voy al foco eterno.

No Como maestro, me cuesta mucho explicar a mis alumnos que hay una vía pacífica, dialogada, para resolver un conflicto después de lo vivido en Cataluña. Nunca se puede imponer mediante la violencia física, verbal o procedimental una ideología o un sentimiento. Es incongruente hablar de manifestación pacífica, de derecho a la huelga, cuando cortas una autovía e impides el desplazamiento a miles de personas que no participan de tu protesta. No, no es la forma, y me niego a gritar en el aula para que me respeten y obedezcan. Seguiré dialogando y tratando de convencer mediante la mejor pedagogía jamás inventada; el ejemplo y la motivación.

Absentista es aquel que no acude al lugar donde tiene su obligación o que no desempeña sus funciones. Quien preside algún estamento elegido de forma mayoritaria, ha de gobernar para el total de la población implicada, y el total son los guapos y los feos, los listos y los tontos, los que te gustan y los que no. Es absentista el que solo se dedica a lo suyo. Lo son en Cataluña y, al
parecer, lo quieren ser en la UDA.

A estas alturas del artículo investigarás sobre el motivo de mi locura y el porqué de estas letras tan enrevesadas. Yo también. Un hecho, la fenomenal ocurrencia de no sé quién en el seno del Almería, ha llevado al club a vender a sus aficionados la posibilidad de ceder su asiento para que ellos negocien con él a cambio de, atención, ¡no subirle el precio de su abono la próxima
campaña! Alucinante y me quedo escueto. Es decir, no solo disponen de una butaca para vender lo que ya vendieron contigo sino que te amenazan con subirte el precio de tu asiento si te conviertes en absentista. Me sale la docencia por los dedos, lo confieso. Lo próximo será pedirte justificación del médico para argumentar tu falta.

Falta sentido común y sobra apatía y desinterés. Absentistas, aquellos que dejan de gobernar para todos; para los que se sienten españoles y para los que no, para los que pagan y van a todos los encuentros o para los que pagan, que no es poco, pero deciden faltar o no pueden ir. Nunca el argumento puede ser el evitar una subida la próxima campaña, porque puede provocar otro absentismo, el del día de la renovación del carné.

Cuánto echo de menos el raciocinio. La lógica. La tolerancia. El todo cabe siempre que no acabe con la libertad del prójimo y una justicia que haga pagar a los sinvergüenzas, sean del partido que sean. Con mis pequeñas herramientas, seguiré luchando por fomentar el orgullo, la motivación, las ganas de aprender y, sobre todo, la tolerancia. Cuatro ojos ven más que dos.

La unión hace la fuerza.

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Mediocampismo

Qué bonito es ver a un equipo con capacidad de dominar el balón en la banda izquierda, llevarlo a banda derecha y hacerlo pasar por El Centro. Una vez allí, arrepentirse y devolverlo a su lugar de origen. Qué bonito es ver a ese mismo equipo hacer viajar a sus laterales hasta los confines del campo para, tras recibir un balón en profundidad, nutrir el área del elemento principal del fútbol; el balón.
Suena teórico y obvio, pero lo intermitente pasó a ser continuo y lo más parecido a una triangulación que se había visto en el Juegos Mediterráneos durante estas tres últimas
temporadas era el peinado de alguno de sus futbolistas. El Almería de Ramis sabe triangular.

Noticia, y de las gordas.

Suena a lógica del fútbol un desdoblamiento por banda con un centro al área. Un desborde, un cambio de orientación, una dejada de cara o una pared en la frontal. Teoría que se alejaba de la práctica. A mí, que me gusta el fútbol como deporte espectáculo, me emocionó ver llegar a Nauzet, apoyarse en Caballero y utilizar la dejada del argentino para regalar a Pozo un mano a mano que acabó en gol. Me emocionó disfrutar de un Verza sin miedo para venir a recibir al área, un Alcaraz que obliga a sus compañeros a competir y a un Tino Costa con carácter y juego,
creatividad y llegada en los pies.

Y es que no hay equipo sin balón como no hay fútbol sin combinación. Este deporte es eso, toque, toque y más toque, y no la bazofia que hemos sufrido en las últimas campañas. Este juego es velocidad, verticalidad y asociación. Para ello, la mejor receta se llama centro del campo. Sin buenas piezas en la medular, nos encontramos ante un conjunto invertebrado que se precipita
como un trapo al vacío.

Me vienen a la mente los Soriano y Corona, en su mejor época como jugadores, acompañados de Larrea, Alberto y Cabrera o los Melo, Juanito e Iriney. Es curioso que los mejores años de este equipo coincidan con centros del campo solventes, con capacidad de crear y de hacer funcionar los engranajes. Es por ello que esta temporada me hace albergar esperanzas. Con Tino, Verza, Mandi, Alcaraz, Nauzet, Pozo o Fidel, por mencionar unos pocos, implicados, la creación está asegurada y, con ella, el buen fútbol, lo que suele ser garantía de éxito.

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Una piedra llamada Almería

Querer es poder, y, quien no quiere, ni puede ni podrá. Sentencio. Es la historia del mediocre; caminar de manera errante por senderos pedregosos donde, con un devenir circular, tropieza de forma cíclica con la misma roca, de color rojo y blanco y con dudosas aspiraciones en el caso del Almería. Y es que no hay piedra más peligrosa, puntiaguda y constante en la porfía que uno mismo. La baja moral es una losa, y eso bien lo sabemos los que, por afán y azar del destino, seguimos a un equipo que nos muestra excesivas veces su cara mala.

Ramis habla de “injusticia” y de la necesidad de “creerse capaces de ganar” ante la forma en que los puntos decidieron quedarse en Pamplona y no subirse al autobús almeriense, y lleva razón. Está bien identificar el problema, es precisamente ese el primer paso que se debe dar para solucionarlo. Aunque, en este caso, el entrenador tarraconense debe hacer autocrítica y ubicarse a sí mismo dentro del conflicto. El equipo, como por sistema, se empeña en dar la espalda a la portería contraria desde el momento en el que el resultado se considera medianamente interesante. Así sucedió en Soria, así pasó en Pamplona e incluso en Almería frente al Lorca. Es complicado evitar un asedio escondiéndose en un agujero, no hay que olvidarse el tratar de debilitar al rival.

El fútbol consiste en marcar más goles que el contrario. Este deporte, cada vez más alejado de la definición que lo contempla, huye de la vistosidad para convertirse en un silicio al espectador, quien solo es capaz de disfrutar cuando ante ellos aparece un virtuoso del balón, de esos que valen cien kilos y que son producto exclusivo de los poderosos. Estamos a tiempo de vivir un curso bonito, pero, de momento, el Almería hace gala del sopor y niega a los suyos la emoción de un tiro al palo, de un ¡huy! o de la celebración de un gol. Este nos es el deporte del que yo me enamoré.

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A Tino

Alguien tuvo a bien dar el `sí´ a la operación Tino Costa; un jugador supuestamente venido a menos y envuelto en una polémica con el que fuese su entrenador en San Lorenzo. Ingredientes perfectos para formar un quilombo, como lo llaman por allí, que echase más leña al fuego del ardiente vestuario rojiblanco.

Desde aquí, quiero darle las gracias a esa persona -o personas, ojalá sean personas- que activó el fichaje del argentino. Gracias como aficionado al Almería y, sobre todo, como aficionado al fútbol. Lo que el centrocampista hizo en la escasa media hora de la que disfrutó frente al Lorca es digno de elogio. ¡Viva el fútbol y vivan los jugadores que levantan una grada! Cuánto tiempo sin sentir lo que esa zurda, a ras de césped, provocó en el Mediterráneo.

Llevaba segundos en el campo cuando regaló un misil balístico a Fidel desde banda izquierda que terminó en la fenomenal asistencia del onubense a Fran, otro de los que supo poner cremalleras en bocas de crítica fácil. Posteriormente, Tino volvió a ponerse la capa de superhéroe para levantar al público con el gol de falta que volvía a poner a los suyos, y me encanta decir eso de los suyos, por encima en el marcador. La celebración, de ídolo. El último presente, otro tiro a la diana que dejó a Fidel ante Dorronsoro, sin ser capaz de batirlo, fue la confirmación de que Costa ha venido a jugar.

A Tino, que se lo merece, y atino por incorporar a uno de esos jugadores que marcan la diferencia. En una categoría como esta, lo único que ayuda a unos equipos a poner tierra de por medio con otros, son futbolistas así.

Son muchas las voces discrepantes con el fútbol que el Almería desplegó el pasado sábado. Con momentos de zozobra y otros de presencia ofensiva, el conjunto de Ramis, quien pasó excesivo tiempo sentado en el banquillo, lo que alimenta pájaros de mal agüero, fue en líneas generales mejor que su rival. Sumó otros tres puntos y se aplica así el único ungüento capaz de paliar su mal; la ansiedad. Ganar es el único remedio, y ya lo ha hecho dentro y fuera.

Que el fútbol de Segunda ya no es lo que era. Hoy día, un Lorca, conjunto recién ascendido y con cartel teórico de Segunda B, puede soñar con el ascenso a Primera y disputar partidos a los supuestos equipos llamados a ocupar la zona noble de la tabla. Por eso, un triunfo, aun sufrido, vale como una goleada tranquila. No hay rival fácil, y el Almería tampoco pretende serlo. De momento, siete puntos de doce, que no está mal. Osasuna, piedra de toque para un Almería que se sacude, con dificultad pero con insistencia, las telarañas del pasado. Que salten, a lomos de Tino, Joaquín, Pozo o Fidel, todo es posible.

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El Almería que no se reconoce

O eso queremos. ‘Yo este año los animo’, ‘Este equipo me gusta más que el otro’, así reza  la afición rojiblanca ante el inicio titubeante de los suyos. Que sí, que todos queremos ver otra dinámica. A todos nos llenó de esperanza la llegada de Tino Costa o la continuidad de Pozo. A todos nos emocionó la victoria en Tarragona. Pero no es suficiente, se necesita un empujón que tiene que llegar, a la par, por parte de todos los implicados.

La plantilla ha de mostrar compromiso, tesón y ganas de llevarse la victoria en cada partido. No se pueden repetir situaciones como las de Soria o esta última ante el Cádiz en Copa, donde el equipo, sin ser peor que el rival, ha sucumbido ante su propia inoperancia ofensiva.

¿A qué juega el Almería? ¿Cuál es su estilo? Este equipo siempre se ha caracterizado por dar profundidad y velocidad a sus bandas. Hoy día, con un agasaje innecesario del balón que solo beneficia al bienestar del rival, ni llega, ni parece querer hacerlo. Es imposible ganar un partido dando la espalda a la portería contraria.

El Almería no se reconoce a sí mismo. Se ha olvidado de lo que siempre le ha caracterizado para mantener un estilo insulso que lo ha desconectado de la grada. Para colmo, decisiones alejadas del fútbol que hacen, por ejemplo, jugar la mayor parte de un partido a un jugador com Lin, que perdía cada balón que tocaba y que, junto a Pervis, dilapidaron las opciones almerienses ante el Cádiz, aumentan el desencanto entre aquellos que algún día adoraban este deporte. Mientras, Barral, con 34 años seguirá haciendo goles con los amarillos y Kalu Uche, leyenda almeriense, permanecerá sin equipo.

El Almería no se reconoce, pero es que la afición tampoco lo hace. Todos somos desconocidos incluso para nosotros mismos. ¿Dónde quedaron aquellos cánticos que levantaban un estadio? Sin pasión, no hay contagio. Es por eso por lo que, desde hace tiempo, pocos jugadores pueden sentirse identificados con nuestro equipo. Es ahí donde debemos empujar, lo que tenemos que aplaudir y ovacionar. A vencer este sábado, a caldear el ambiente y a reconocerse, que debe ser el primer objetivo.

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