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BLOG PACO GÓMIZ: ¿Debilita el halago?

BLOG, por Francisco Martínez Gómiz.

Hemos escuchado en infinidad de ocasiones que el halago continuo puede debilitarlos resultados deportivos. ¿Qué tiene de cierto esta afirmación? Vamos a profundizar sobre el tema:

Los responsables deportivos (Managers, Coaches, Entrenadores…) cuando llegan a una final evitan ser tachados de favoritos, no quieren llevar esa “presión” extra en sus hombros. Pese a que haya bastante diferencia técnica y de calidad con el rival, el equipo “grande” no quiere la vitola de favorito.

¿A qué se debe esta circunstancia? A que la confianza, si es excesiva, puede restar producción al equipo y esta circunstancia puede ser aprovechada por el rival.

La grandeza del deporte radica en que se pueden superar barreras y alcanzar sueños con lucha, esfuerzo, sacrificio, técnica, táctica, confianza e ilusión, como ingredientes principales. Pero si esa confianza se desborda aparece la complaciencia y por ahí el rival puede encontrar una debilidad en nuestro equipo.

Hay una frase muy recurrente en el deporte “lo difícil no es llegar, sino mantenerse”. Y es muy cierto. Hay equipos que se contentan con lograr una victoria de prestigio, un campeonato o un título. Sn embargo hay otros equipos y deportistas que son “insaciables” que juegan y ganan y ganan y ganan, parafraseando al gran Luis Aragones.

¿Cuál es la diferencia? Pues que la ilusión, constancia y trabajo y confianza del primer caso se sacia y no vuelven a alcanzarla, mientras que en el segundo caso los miembros del equipo siguen con la misma determinación que el primer campeonato que ganaron.

Hablaba el gran Johan Cruyff de la importancia del “entorno”. Pocos equipos como el FC Barcelona donde se puedan poder multitudes de ejemplos sobre la confianza y el halago para lo bueno y para lo malo. El “entorno” es todo aquello que rodea al jugador, afición, prensa, directiva, familiares, amigos, etc…. Si antes de una final el “entorno” considera que el equipo es favorito claramente, puede ocurrir que la intensidad con la que se entrena y se juega baje con lo que ya le estamos dando un punto de ventaja a nuestro rival.

Un ejemplo claro de esta situación en el FC Barcelona fue la final de la Copa de Europa que se jugó en Atenas contra el AC Milan de Fabio Capello en el estadio olímpico de Atenas. El partido se saldó con la clara victoria del equipo italiano por un 4-0. El Barcelona, la semana previa a la final, ganó la liga doméstica y exhibía un fútbol de ataque vistoso y muy del gusto del espectador. Todo eran días de “vino y rosas” en Barcelona. Se le dio como claro favorito a la conquista del campeonato europeo y Fabio Capello, gran estratega, supo aprovechar el clima de euforia de su rival para ganar el campeonato.

Después de ese partido, Cruyff hizo una revolución en la plantilla justificando que “estos jugadores ya no tienen el hambre necesario para ganar este tipo de campeonatos”. Es decir, se había pasado de la confianza a la complaciencia.

Cuando el entorno que envuelve al jugador da por claro favorito a su equipo, la prensa se centra más en los festejos después del partido que de respetar al rival y hasta el entorno más cercano al jugador, familiares y amigos, están seguros de que la victoria no se puede escapar, el ritmo de entrenamiento del jugador, inconscientemente baja, el objetivo es más sencillo de lo esperado y no se lleva el cuerpo a dar el 120% necesario para conseguir las victorias.

Si seguimos la máxima de cualquier entrenador que dice “se juega como te entrenas” si te entrenas por debajo de tus posibilidades obtendrás resultados por debajo de tus posibilidades.

Por eso es habitual que los cuerpos técnicos deportivos sean cautelosos e incidan una y otra vez sobre la calidad del rival, primero por respeto a alguien que ha hecho los mismos méritos que tú y segundo para mantener la tensión competitiva necesaria.

Esa es una de las tareas fundamentales del entrenador, mantener el espíritu de lucha y sacrificio de sus jugadores jueguen contra el primero o jueguen contra el último.

A menudo asistimos a partidos donde el último clasificado de la categoría se lo pone muy difícil al primero o a los primeros clasificados. Ocurre que durante la semana no se pone el “foco” en ese partido. Se da por hecho que como es el último clasificado va a ser un rival fácil de vencer y se centran las miras en otro partido más difícil que se jugará 2 o 3 semanas más tarde.

El entorno no le da importancia al partido inmediato y se centra, por ejemplo, en fichajes para la próxima temporada, remodelaciones de las instalaciones o elecciones a la presidencia del club. El tema deportivo queda apartado esa semana por el hecho de que el último clasificado visita tu campo y hace prever que será una victoria cómoda.

En el partido ocurre que el último clasificado no es tan mal rival como a priori podría parecer y es más, está haciendo el mejor partido de la temporada. Mientras el último clasificado ha estado toda la semana trabajando al 120% y creyendo en sus posibilidades, el primer clasificado no ha tenido esa intensidad y ni si quiera ha valorado a su rival fruto de la escasa importancia que el “entorno” ha prestado al partido y que al jugador le ha llegado por alguno de los canales que conforma ese llamado entorno.

Por este motivo escuchamos una y otra vez por parte de los entrenadores las típicas frases “no hay rival pequeño” “hay que demostrarlo en el campo” etc…. Esas “manidas” ruedas de prensa que ya nos sabemos todos. Pero es necesario, imprescindible, diría yo, emitir ese mensaje desde dentro del vestuario para que la confianza no se transforme en complaciencia.

En nuestro día a día ocurre igual, imagínate que tienes un examen que crees que es fácil. Bajas el número de horas de estudio y te muestras confiado sobre su aprobación. Normalmente el resultado que obtienes está por debajo de lo esperado.

En el trabajo tienes que realizar una tarea que consideras que es fácil realizarla. No le dedicas el tiempo necesario para la misma y a última hora necesitas quedarte un “rato más para terminarla”. La confianza, mal gestionada, provoca errores en nuestro comportamiento.

El exceso de confianza provoca una disminución de la atención y eso puede generarnos desde un pequeño accidente laboral, un retraso en la entrega de un informe, un suspenso en un examen que no esperábamos o una derrota dolorosa contra un rival clasificado mucho peor que nosotros.

Respetar al rival, trabajar como si fuera el primer clasificado, ir a por la victoria desde el primer minuto no pensando “como son peores que nosotros ya nos llegará nuestra ocasión”… Son las recetas necesarias para que no se produzcan sorpresas desagradables.

Ejemplo de respeto al rival es Rafa Nadal, uno de los mejores deportistas mundiales y con unos valores sensacionales. Nunca menosprecia al rival, lo felicita si le gana y confirma que en ese partido ha sido mejor que el, no busca excusas con los árbitros, la pista o el público y tras una derrota siempre termina diciendo que tendrá que entrenar más fuerte para ganar la próxima vez.

Trabajar la táctica, técnica, el físico y la mente es fundamental para alcanzar grandes resultados.

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